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La científica darregueirense Vanina Martinez lanzó una fuerte advertencia sobre la inteligencia artificial

La doctora en Ciencias de la Computación, reconocida internacionalmente por su trabajo, habló con Darregueira Noticias sobre sus raíces, el futuro del empleo, el poder de las grandes tecnológicas y por qué no debemos confiar ciegamente en ChatGPT

La científica darregueirense Vanina Martinez lanzó una fuerte advertencia sobre la inteligencia artificial

La doctora en Ciencias de la Computación, reconocida internacionalmente por su trabajo, habló con Darregueira Noticias sobre sus raíces, el futuro del empleo, el poder de las grandes tecnológicas y por qué no debemos confiar ciegamente en ChatGPT

Volver a casa tiene un significado especial. Para Vanina Martínez, regresar a Darregueira no fue solamente una visita a su lugar de origen, sino también la oportunidad de reencontrarse con las personas, los recuerdos y las experiencias que contribuyeron a construir su camino. Hoy, radicada en España y dedicada a la investigación en inteligencia artificial, volvió a la ciudad donde nació, creció y recibió su primera formación para compartir con sus vecinos una parte de ese mundo científico que muchas veces parece lejano.

“Es siempre lindo venir a casa”, expresó durante la entrevista con Darregueira Noticias. Y reconoció que le genera una mezcla de orgullo y vergüenza que la gente del pueblo la reconozca y quiera escucharla. Acostumbrada a trabajar dentro de un laboratorio, admitió que no suele tener muchas oportunidades de salir a contar lo que hace. Por eso, hablar en su ciudad tiene un valor diferente: allí están también las personas y las instituciones que influyeron en su formación.

De la filosofía a la inteligencia artificial

La historia de Martínez no comenzó frente a una computadora. Su curiosidad nació, en parte, de la mitología griega y de la filosofía. Durante la secundaria, el estudio de Sócrates, Platón, Aristóteles y la lógica despertó un interés que, con el tiempo, encontraría un vínculo con las ciencias de la computación.

La influencia de su hermano Mauricio, que estudiaba esa carrera en Bahía Blanca, terminó de acercarla a la programación y a la investigación. Así comenzó a unir dos mundos que parecían diferentes: el razonamiento filosófico y la construcción de sistemas capaces de automatizar tareas humanas.

Su trayectoria la llevó a estudiar en la Universidad Nacional del Sur y a realizar un doctorado en la Universidad de Maryland, en Estados Unidos. En 2018 fue reconocida entre las diez investigadoras jóvenes destacadas del mundo en inteligencia artificial y, en 2023, recibió un Premio Konex. Actualmente vive cerca de Barcelona y trabaja en un instituto de investigación dedicado a esta disciplina.

Sin embargo, Martínez explicó que su principal motivación nunca fueron los premios, sino descubrir algo nuevo, resolver problemas y generar conocimientos que antes no existían.

“Por defecto, la respuesta es no, nunca”: la advertencia sobre ChatGPT

Uno de los momentos más contundentes de la entrevista llegó cuando fue consultada sobre la confiabilidad de ChatGPT y otros modelos de lenguaje.

“Por defecto, la respuesta es no, nunca”, respondió sin rodeos. La científica aclaró que utiliza estas herramientas en su trabajo y que pueden ser muy útiles, pero advirtió que sus respuestas deben analizarse con criterio.

Explicó que estos sistemas funcionan mediante modelos probabilísticos: generan respuestas a partir de patrones y probabilidades, pero eso no significa que puedan distinguir siempre entre lo verdadero y lo falso. También pueden reproducir errores, sesgos y opiniones presentes en los datos con los que fueron desarrollados.

Para Martínez, la clave no está en rechazar la tecnología, sino en aprender a utilizarla sin delegar nuestro propio juicio. Una respuesta puede parecer convincente y, aun así, ser incorrecta o inadecuada para el problema que se intenta resolver.

La precaución, sostuvo, debe ser todavía mayor cuando se consulta a la inteligencia artificial sobre cuestiones que afectan la salud, la vida personal o las decisiones de otras personas. No alcanza con que una respuesta parezca acertada: es necesario evaluar cada situación particular.

¿La inteligencia artificial va a reemplazar puestos de trabajo?

La respuesta de Martínez fue categórica: sí, puede hacerlo. Según planteó, si el desarrollo de estas tecnologías continúa bajo los objetivos actuales, la inteligencia artificial podría llegar a reemplazar cualquier tipo de trabajo, incluso tareas vinculadas con la investigación científica.

Pero su preocupación va más allá de la tecnología. Para la investigadora, la discusión central es qué lugar queremos darle a las personas en una sociedad cada vez más automatizada.

“Tenemos que repensar qué puestos de trabajo, qué productos queremos que mantengan la parte de la humanidad”, sostuvo. En ese sentido, propuso debatir qué actividades estamos dispuestos a delegar en las máquinas y cuáles queremos preservar por razones éticas, artísticas, culturales o humanas.

La ciencia seguirá avanzando, explicó, pero su rumbo depende de las decisiones de quienes la desarrollan. Por eso, considera necesario que la sociedad participe en la definición de los objetivos y no se limite a aceptar todo lo que la tecnología ofrece.

El poder de las grandes empresas y la necesidad de regular

Martínez también puso el foco en quiénes controlan los sistemas de inteligencia artificial que millones de personas utilizan a diario. Identificó a las grandes empresas tecnológicas como los principales actores detrás de los modelos más extendidos y advirtió que sus intereses comerciales deben tenerse presentes.

“Las empresas privadas, el objetivo principal es hacer plata”, afirmó, al explicar que el tiempo que los usuarios permanecen en las plataformas forma parte de sus modelos de negocio.

Desde su perspectiva, la inteligencia artificial puede ahorrar tiempo, facilitar tareas y ayudar a mejorar el trabajo profesional. Sin embargo, consideró importante no perder de vista que estas herramientas están diseñadas con objetivos específicos y que su utilización también puede generar consecuencias sociales.

Por eso, defendió la necesidad de establecer regulaciones conscientes y debatidas. Frente al argumento de que las normas podrían frenar la innovación, planteó una pregunta: “¿Cuál es el problema de detener el avance si nos estamos dando cuenta de que la manera en que está avanzando está siendo contraproducente para nuestra sociedad?”.

Para la científica, el desafío consiste en encontrar un desarrollo tecnológico que responda a las necesidades humanas y no exclusivamente a la rentabilidad inmediata.

Una historia que vuelve a sus raíces

Más allá de su trayectoria internacional, Martínez conserva un vínculo especial con Darregueira. Recordó que durante su adolescencia tenía una agenda repleta de actividades: patín, inglés, fútbol, atletismo, coro y remo, entre otras. El camino hacia la ciencia se fue construyendo a partir de intereses diversos, experiencias educativas y oportunidades que supo aprovechar.

Su regreso dejó una reflexión que trasciende el mundo académico. La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana y puede ofrecer herramientas valiosas, pero también abre preguntas sobre el trabajo, la verdad, el poder y el futuro de la humanidad.

La mirada de Martínez no propone abandonar la tecnología, sino comprenderla, cuestionarla y decidir colectivamente cómo utilizarla. Y en esa discusión global, la voz de una científica que nació y se formó en Darregueira demuestra que las grandes preguntas del mundo también pueden comenzar en casa.

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